De la época romana hay que hablar del complejo termal romano del Puerto de la Nava, complejo que encuentra su razón de ser en la abundancia de aguas, algunas de ellas medicinales y en la belleza del paisaje, lo que le convertía en lugar ideal para el descanso y la toma de aguas.
Si seguimos el camino de la carretera del Puerto de la Nava, 3 kilómetros de la localidad, llegaremos al suroeste de la Sierra de Aliso, en la entrada sur del Puerto de la Nava, donde nos encontraremos con los remanentes de un complejo termal romano, situándose el yacimiento al este del arroyo del Mojón, afluente del río Zújar.
Su razón de ser puede deberse la abundancia de aguas, algunas de ellas medicinales, y en la belleza del paisaje, lo que le convertía en lugar ideal para el descanso y la toma de aguas, en una zona de paso como esta, además parecía ser que los cercanos municipios de Miróbriga y Sisapo (Almadén) conformaron la clientela habitual de este balneum. En cuanto al agua, si bien no se sabe hasta qué punto se utilizaban de forma medicinal y su aprovechamiento, se conoce que la zona es de aguas ferruginosas, son aguas frías, estimulan la nutrición, se reputan de antianémicas y reconstituyentes, además se aconsejan en procesos con déficit en hierro y en enfermedades que provocan debilidad.
Las fechas que dotan origen al complejo son varias, pero los estudios realizados en el siglo pasado dejan entrever que puede haberse comenzado a erigir en el siglo I y que alcanzó su apogeo a fines del siglo II y principios del III.
Las estancias excavadas no solo dieron a luz un complejo meramente termal, sino también a otras estancias, encontrándonos alrededor del balneum distintos servicios y una especie de urbanización privada. En cuanto al material, entre lo encontrado hallamos monedas, fragmentos de mosaicos (teselas), dos capiteles marmóreos o un pequeño torso femenino de mármol, a la cual se le ha denominado como “la Venus de Cabeza del Buey”.













