Avutarda

La reina de la estepa.

Sin duda alguna, la avutarda es uno de los grandes símbolos naturales de La Serena. No solo por su imponente presencia o su elegante plumaje, sino porque es, nada más y nada menos, el ave voladora más pesada del mundo. Puede alcanzar los 16 kg en el caso de los machos, lo que convierte su vuelo en un espectáculo tan majestuoso como improbable. Y sin embargo, en las amplias llanuras agroganaderas del término municipal de Cabeza del Buey, estas aves han encontrado uno de los últimos grandes refugios esteparios de la península ibérica.

Un paisaje ideal para las aves esteparias

El mosaico de hábitats que ofrece la comarca —campos de cereal, pastizales naturales, zonas de barbecho, cultivos en régimen ecológico y charcas ganaderas— crea un entorno perfecto para la reproducción, alimentación y descanso de estas aves. Además, la escasa presencia de tendidos eléctricos, uno de los grandes enemigos de la avutarda, contribuye positivamente a su conservación.

Cabeza del Buey cuenta con una población estable de avutardas, con alrededor de 120 ejemplares censados en los últimos años, lo que la convierte en uno de los mejores lugares de Extremadura para su observación. Muchos ornitólogos y aficionados eligen esta localidad no solo por la abundancia de individuos, sino también por el paisaje único que los rodea: campos floridos en primavera, afloramientos de pizarra —conocidos como “dientes de perro”— y fondos espectaculares como el castillo de Almorchón o la sierra de Tiros, que hacen las delicias de fotógrafos de naturaleza.

Dónde y cómo observarlas

La carretera BA-035, conocida popularmente como “Carretera de La Golondrina”, atraviesa la estepa de norte a sur y es un excelente punto de partida. Desde ella parte una red de caminos públicos en buen estado, ideales para la observación sin poner en riesgo la seguridad vial. Aunque es posible ver avutardas desde el propio asfalto, se recomienda utilizar estos caminos aledaños para disfrutar de una experiencia más cercana y respetuosa con el medio.

A diferencia de otras zonas de España donde el hábitat se ha degradado o transformado en cultivos intensivos de viña y olivo, en Cabeza del Buey las avutardas siguen siendo parte viva del paisaje estepario.

Un ciclo vital fascinante

La primavera es la mejor época para observarlas, especialmente durante su cortejo nupcial, conocido como “la rueda”. Entre marzo y abril, los machos adultos se reúnen en los leks, territorios tradicionales de exhibición, donde despliegan su plumaje blanco en una compleja danza de seducción. Hinchan el pecho, erizan sus plumas, giran y se contonean como si fueran bailarines alados, intentando captar la atención de las hembras.

Durante esta época, los machos muestran también su característica “barba”: unas plumas largas y rígidas que brotan de la base de la mandíbula inferior. Estos “barbones”, como se les llama, protagonizan a veces intensas luchas por la dominancia, empujándose pecho con pecho como si de luchadores de sumo se tratara. Las hembras, más pequeñas y discretas, observan atentamente antes de elegir con quién reproducirse.

Una vez realizada la cópula, el macho se desentiende por completo. Es la hembra la que construye un nido muy sencillo en el suelo, donde deposita dos o tres huevos. Estos serán incubados durante tres a cuatro semanas, y los pollos, nada más nacer, ya pueden seguir a su madre en busca de alimento. La cría queda exclusivamente a cargo de la hembra, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a depredadores, labores agrícolas o molestias humanas.

La avutarda es una especie extremadamente sensible y esquiva. Si una hembra percibe perturbación cerca del nido, puede abandonarlo. Por eso es fundamental que los observadores mantengan distancia y respeto, especialmente durante la época de cría.

Una vida larga, pero llena de desafíos

Los jóvenes crecen rápidamente, aunque dependen de su madre durante más de seis meses. Las hembras alcanzan la madurez sexual a los tres o cuatro años, mientras que los machos necesitan hasta seis años para poder competir en el lek. Curiosamente, las hembras tienden a permanecer cerca del lugar donde nacieron, mientras que los machos suelen dispersarse hacia otros territorios.

En cuanto a la dieta, la avutarda es omnívora. Se alimenta principalmente de vegetales, semillas, legumbres e invertebrados, aunque en primavera y verano incorpora a su dieta grandes cantidades de saltamontes, grillos y escarabajos. También puede llegar a consumir pequeños vertebrados como lagartijas o roedores, lo que demuestra su gran capacidad de adaptación.

Curiosidades de una reina alada

  • En el yacimiento orientalizante de Cancho Roano (Zalamea de la Serena), se han hallado restos que indican el consumo ritual o alimenticio de avutardas ya entre los siglos VI-IV a.C.

  • Durante la Guerra Civil, los pastores comparaban a las avionetas que lanzaban bombas con las avutardas, por la forma pesada y poderosa de su vuelo.

  • Su cortejo ha sido descrito como uno de los más espectaculares del mundo de las aves, y algunos machos han llegado a atacar personas al sentirse amenazados durante la época de celo.


Una joya que debemos conservar

Las avutardas son mucho más que una rareza o un atractivo turístico. Son testigos vivientes de los ecosistemas agrarios tradicionales, y su supervivencia está ligada a la forma en que cuidamos el paisaje. En Cabeza del Buey aún tenemos el privilegio de convivir con ellas y de poder observarlas en libertad, en silencio, y con respeto. Si las cuidamos, seguirán siendo, por muchos años más, las auténticas reinas de La Serena.