Con la llegada de la primavera, y tras la retirada de las aves que han pasado aquí el invierno que vuelven al norte de Europa a sus lugares de cría, llegan a nuestra localidad las aves que han pasado el invierno en tierras africanas. Un estallido de color y sonidos exóticos invaden la estepa de la Serena. Los cernícalos primilla suelen ser los primeros que vienen y ocupan sus nidos en los tejados tanto urbanos como de las casas y establos de la Serena, al igual que los primillares que han hecho las instituciones, asociaciones naturalistas o ganaderos. Las llamativas oropéndolas van a parques, jardines y arboles de la sierra. También vienen especies como el cuco, las terreras, los aguiluchos cenizos, milanos negros o águilas calzadas.
Sin lugar a dudas, dos de las especies que se llevan “todos los focos” por su canto y color son las carracas y los abejarucos. Estas aves son toda una explosión de color en las monocromáticos verde-amarronados paisajes de la Serena. Las carracas, en claro declive, pueden verse y oírse a kilómetros. Antaño, solían criar en trocos, casas viejas, o nidos excavados por otras especies, pero en la actualidad, debido al abandono del campo y la desaparición de esas estructuras crían en su mayoría en cajas nidos. La mala elección de los materiales de estas puede producir un efecto trampa y desaparición de la puesta o cría por las altas temperaturas. El cortejo de la carraca es espectacular tanto por los coloridos y frenéticos vuelos como por el incesante canto de los machos.
Los abejarucos, más gregarios y menos territoriales que las carracas suelen criar en los cortados de caminos, ríos, graveras o zonas mineras. Es común escuchar su canto y acrobáticos vuelos en busca de insectos para agasajar a sus parejas o criar a sus pollos.




























