Ruta ORNÍTOLÓGICA CARRETERA DE «LA GOLONGRINA»-BA-035.

Una de las mejores formas de observar los paisajes esteparios y su rica avifauna es haciendo un recorrido por la conocida como “Carretera de La Golondrina”. Se trata de la carretera BA-035. Este peculiar nombre proviene de sus comienzos en los años sesenta del siglo pasado, cuando se creó en forma de pista para acceso a fincas desde la localidad de Cabeza del Buey, así como para conectar con el recién construido embalse del Zújar. El final de esa pista estaba por entonces en la finca “La Golondrina”, y de ahí el nombre.

Dentro de los biotopos y paisajes existentes en La Serena, uno de los más representativos es el que se conoce como “zona esteparia”, un enorme espacio (más de100.000 hectáreas) carente casi por completo de vegetación arbórea y caracterizado por una penillanura destinada a pastizales naturales y en menor medida a la agricultura, basada en el cereal de secano. La mayor parte de esa zona se encuentra declarada Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). La carretera de la Golondrina es un eje que parte la estepa en dos. A su vez, de esta carretera salen una red de caminos públicos, en un estado de conservación aceptable, que multiplican las posibilidades de observación de la rica avifauna que se encuentra. De esta forma, bien sea caminando o realizando un “safari” con el coche, se pueden hacer un sinfín de rutas por las fincas agroganaderas del término municipal.

La carretera de la Golondrina tiene unos 24 kilómetros, discurriendo entre la localidad de Cabeza del Buey y la Presa de La Serena, en los que predominan enormes rectas. Es de las pocas carreteras que no está acompañada por tendidos eléctricos ni telefónicos (esperemos que continúe así para siempre) lo que permite disfrutar de un paisaje limpio con la misma calidad de siempre. La Carretera de la Golondrina invita a una jornada de “pajareo” inolvidable, que comienza en Cabeza del Buey, y discurre en dirección Norte. Antes de continuar conviene recordar que no se puede estacionar en los arcenes, y que para hacerlo debemos aprovechar carriles y pistas laterales, y eventualmente entradas afincas, sin bloquear los accesos.

Nuestra seguridad debe primar sobre todo, a fin de disfrutar de una sesión decampo placentera y que no acabe en tragedia. Y dicho esto, vamos con algunos detalles: Si prospectamos la zona con prismáticos o telescopio, no tardaremos en observar aves como la avutarda o el sisón, que por su tamaño son fáciles de localizar. A veces se encuentran a poco más de cien metros de la carretera. Otras especies típicamente esteparias como la ganga ibérica, la ganga ortega y el alcaraván, son mucho más difíciles de ver debido a su críptico plumaje. Pero si atendemos a sus sonidos, es muy probable que podamos distinguirlas en vuelo. Son fáciles de ver también los aguiluchos, especialmente el cenizo, aunque también el lagunero. Estas aves aprovechan las zonas de siembra para instalar sus nidos, aunque también es fácil observarlas en zonas de pastizal mientras escudriñan el terreno en busca de presas de pequeño tamaño.

Y si hacemos la visita en invierno, la familia de aguiluchos estará representada por el aguilucho pálido, aunque sigue siendo frecuente el lagunero. Si la visita es en invierno, atentos también a las lechuzas campestres, que pueden sorprendernos a muy pocos metros de distancia. Canasteras y otras aves de menor tamaño como calandrias, cogujadas y terreras son igualmente frecuentes, aunque más difíciles de observar debido a sus hábitos y tamaño. Algo parecido ocurre con collalbas, bisbitas o tarabillas. Algunos de los eucaliptos que hay junto a la carretera son utilizados por águilas calzadas, imperiales, perdiceras, reales, alimoches, milanos negros y cigüeñas para instalar sus nidos. Habida cuenta de lo vulnerables que son durante la época reproductiva, si hacemos una observación esta ha de ser breve y desde la distancia. Muchos de los cortijos que se observan desde la carretera cuentan con colonias de cernícalo primilla en sus tejados, algunos de ellos acondicionados al efecto gracias a las ayudas agroambientales desarrolladas por la Junta de Extremadura, quien además pone en marcha otras actividades de conservación como la Campaña de Salvamento de aguiluchos. Y aunque no se trate de aves esteparias, no podemos olvidar a las grandes rapaces que frecuentan estos peculiares espacios en busca de alimento, sobre todo de carroña, la cual es ciertamente abundante habida cuenta de la enorme carga ganadera que acoge.

No es difícil observar a los buitres leonado y negro, y tampoco a las águilas real y perdicera.  Hay distintas rutas que se pueden realizar por los caminos que nacen de la carretera de la Golondrina. Una variante para los más aventureros es recorrer la pista de tierra que sale del km 15,5 en dirección Este, cruzando la finca “Pavorosa” y que conduce hasta las proximidades de Zarza Capilla. Otra posibilidad es el camino opuesto al de la finca Pavorosa, dirección oeste, el cual nos llevará hasta las minas de “Peñalobosa” y posteriormente hasta el Santuario de Belén, donde en los meses de inviernos se produce un paso de grullas por el castillo de Almorchón, considerados por muchos ornitólogos como uno de los pasos de grulla más bonitos del mundo. El camino de la fina de las “pozas” (al este) y el de Campanario (oeste), nacen del kilómetro 6 de la carretera de la Golondrina, siendo estos dos opciones muy buenas para hacer avistamiento de aves.

Con toda seguridad haremos observaciones de las aves más representativas de la zona esteparia. Frecuentemente se suelen observar rarezas ornitológicas en el término municipal de Cabeza del Buey, destacando la presencia de aves procedentes de lugares muy lejanos o seriamente amenazadas como avefrías sociables, ibis eremitas, halcones de Borní o aguiluchos papialbos